16 febrero 2010

El tiempo...

Hay que estar siempre borracho. Allí está la respuesta: porque esa es la única cuestión. Para no sentir el desgarrador paso del tiempo, que te dobla la espalda y te empuja hacia la tierra, hay que emborracharse sin tregua.

Pero... ¿de qué? De vino, de sexo o de amor, de lo que tú quieras, pero emborráchate. Y si alguna vez, en los aledaños de un palacio, o sobre la hierba de una fosa, o en la soledad inhóspita de tu habitación, te despiertas, y la borrachera ha disminuido o desaparecido, pídele al viento, a las olas, a las estrellas, a los pájaros, al reloj, a todo aquello que huye, a todo aquello que ruge, a todo aquello que rueda, a todo aquello que canta, a todo aquello que habla, pide que te cuenten qué hora es. Y el viento, las olas, las estrellas, los pájaros, el reloj te dirán: “¡es la hora de emborracharse de nuevo! Para no ser un esclavo del tiempo, ¡emborráchate!. ¡Emborráchate sin tregua! De vino, de sexo o de amor, de lo que tú quieras...”

Gustavo Adolfo Bécquer

1 comentario: